William Shakespeare dijo: “Todo el mundo es un escenario, y todos, hombres y mujeres, son meros actores. Todos tienen sus entradas y salidas, y cada hombre en su vida representa muchos papeles”.

Y es cierto, la vida nos hace llevar diferentes roles o papeles.

Hacer teatro es saber meterse en la piel de otra persona.

En nuestra vida asumimos la responsabilidad de controlar todas las partes que componen una obra de teatro. Cada uno de nosotros podemos escribir el guión de nuestra vida, de nuestra obra. Función que iremos redactando o componiendo en base a nuestra trayectoria, a nuestra evolución y a nuestra experiencia.

También dirigimos nuestras propias acciones, por lo que somos directores de la obra. Y somos sus actores principales, porque estamos dentro de la obra. Y seguramente, en muchas fases, seremos también meros espectadores de nuestra propia vida. Somos observadores y por lo tanto, sufriremos o disfrutaremos de ello.

Pero… ¿Necesitamos teatro en nuestra vida?

Si analizamos el discurso de Anatoli Vassiliev en el día mundial del teatro el año pasado, podemos afirmar que es algo que hasta los mismos profesionales del mundo del teatro se preguntan a diario. Pero de difícil respuesta, ya que lo cotidiano, lo real, la rutina diaria, lo que vivimos, está convirtiendo en algo muy pequeño y con poco impacto al escenario de cualquier teatro convencional.

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Pero lo importante en nuestra vida, es lo que el teatro puede transmitirnos. Citando a Vassiliev, puede decirnos todo:

“Cómo los dioses moran en el paraíso, y los prisioneros se pudren en olvidadas grutas subterráneas; cómo la pasión puede elevarnos y el amor, destruir; cómo nadie necesita de la bondad de otro en este mundo; cómo impera la decepción; cómo hay gente que vive en departamentos mientras niños se marchitan en campos de refugiados; cómo todos ellos deben regresar al desierto, y cómo día tras día nos vemos obligados a separarnos de nuestros seres queridos. El teatro puede decírnoslo todo.”

“El teatro siempre ha estado presente y por siempre lo estará. El teatro no necesita intermediarios para funcionar entre los seres humanos. El teatro constituye la parte más transparente de la luz, no pertenece al norte, ni al sur, ni al este o al oeste. Más aún: es la esencia de la luz que brilla en los cuatro rincones del planeta y es reconocible por todos, por más hostilidad o afinidad que pueda sentirse hacia él.”

El teatro está al alcance de la mano y lo necesitamos en todas sus formas.

Por eso, desde aquí, creemos en la formación del teatro como parte importante de nuestras vidas. Aún tengo muy presente aquella entrevista de Agosto de 2.015. En ella explicaba mi pasión por la enseñanza, por enseñar teatro. Sobre todo por tener la oportunidad de aprender de las personas, ya que un actor debe aprender de las personas, sobre todo cuando interpreta un papel. El papel de su vida.

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Redacción Talleresteatro